Un cambio de letras no es un cambio de comportamiento.

“Y puedo cambiarte el nombre, pero no cambio la historia, te llames como te llames, para mi tu eres el PRI”, así le cambiaremos por esta ocasión la letra a la tan famosa canción de Joan Sebastian, y es que el Partido Revolucionario Institucional ha decidido analizar la posibilidad de un cambio de nombre, esto, en palabras de su actual dirigente nacional Claudia Ruiz Massieu, como parte del proceso de reflexión del Partido tras el resultado que obtuvieron el pasado 1 de julio.

Tenemos años escuchando el análisis, la autocrítica y los buenos deseos de los diferentes partidos cada vez que termina la elección y no obtienen los resultados esperados, sin embargo en eso queda, y los “cambios” y “renovaciones” que tanto pregonan jamás los vemos reflejados.

La fórmula no es complicada, ni mágica, es arreglar asuntos primordiales que han quedado en el baúl de los recuerdos de algunos y en los empolvados estatutos de otros, pero que siguen latentes en la memoria y exigencia de muchas que seguimos buscando y luchando por la política de nosotras, las personas.

Lo que demandamos no es un cambio de siglas, son partidos que ofrezcan representantes que cuando los ciudadanos de pie toquemos la puerta, se abra y se utilice la mano para extenderla y trabajar en conjunto, y no para dar un par de palmadas en la espalda.

Partidos que vivan de cumplir con el interés común y no de cuotas de poder, y eso es tan sencillo de arreglar como voltear a ver las filas de inclusive su misma militancia y apostar por el mejor preparado, y no por al que más favores se le deba.

Partidos que dejen de gritar con sus acciones su necesidad y sed por el poder, y prediquen con su ejemplo atendiendo los cientos de asuntos y promesas pendientes que tienen con las personas, y así, sin importar el nombre, y sea el partido que sea, la confianza se irá recobrando.

Y la lista puede seguir y esta columna volverse más larga de lo debido, sin embargo sería redundar en temas que tienen años sobre la mesa, que todos saben pero nadie atiende, y que ahora un cambio de letras serán su propia revolución.

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