Más de mil millones de personas se han movilizado entre las regiones de sus propios países, con la misma incertidumbre de un migrante de otra nacionalidad. Desde el año 2000 a la fecha, han muerto más de 60,000 personas en el mundo en búsqueda de la migración o refugio, y frecuentemente, son demonizados o atacados.

Cada vez que un migrante llega o pasa por nuestro hogar, tenemos la oportunidad de demostrarle quiénes somos, de dónde venimos, cuáles son los valores que nos caracterizan y enseñarles, con el ejemplo, a valorar y respetar el lugar en donde se encuentran.

Las normas son reglas que se deben seguir o a que se deben ajustar las conductas, tareas, actividades, etc, y las normas que nos rigen como sociedad se crean a través de nuestra historia, costumbres y valores. Si una persona no conoce la norma, y sobre todo, si la misma no se ejerce, difícilmente podrá adaptarse y convivir en armonía en la comunidad en donde se encuentra. Es nuestra tarea, como seres humanos, no repudiar, odiar y rechazar, sino enseñar y educar, logrando así, el respeto mutuo. Demostremos a cada visitante que somos una sociedad fuerte, unida, construida por personas que llegaron como migrantes y formaron una comunidad caracterizada por sus valores y humanidad.

Todo individuo tenemos el derecho de buscar una mejor calidad de vida, cada uno de nosotros somos personas llenas de talento, con la capacidad no sólo de progresar en lo individual, sino de trabajar en lo colectivo y lograr vivir con la tranquilidad de, que estemos en el rincón que estemos del mundo, vivir con la tranquilidad de sentirnos en comunidad y estar protegidos de todo aquél que piense que puede irrumpir nuestra armonía.

Los retos como sociedad siempre estarán presentes, y los mismos se repetirán en la misma o en diversas formas, hasta que en conjunto, como sociedad civil organizada, aprendamos a dominarlos y seguir adelante, con la intención de ocuparnos por progresar hacia una nueva etapa de prosperidad y no lo contrario.

La diversidad no es de enfrentamientos y desencuentros, sino una oportunidad de crecimiento en lo individual y lo grupal. El momento en que entendamos que las personas, sean de la nacionalidad, género, color y edad que sean, no son una amenaza, sino un camino hacia la construcción de un mundo donde quebremos las brechas de desigualdad y en donde quepamos todos y todas, es el momento en el que trascenderemos no sólo como sociedad, sino como humanidad.

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