Las consecuencias de no abrirnos los espacios, de seguir secuestrando la política y de levantar cada vez más muros entre sociedad y gobierno, apostando al cansancio de las personas por participar, se ve reflejado en las crisis de los últimos meses.

Hace ya más de seis años que hemos estado impulsando el que las personas tengamos una silla en la mesa en la toma de decisiones competentes a la transparencia, rendición de cuentas, acceso a la información y combate a la corrupción de nuestro Estado. A través de iniciativas, estudios de investigación, pero sobre todo mucha participación ciudadana, hemos abierto un poco los espacios para que se nos pueda escuchar. Sin embargo seguimos enfrentándonos a una clase política que no acepta la participación de las personas, que sigue queriendo tomar las decisiones sólo para el beneficio de unos y no para el de todos.

Adolfo Solís Farías, especialista fiscal y analista económico, hace unos meses informó que Baja California se encuentra en el primer lugar en corrupción del país más corrupto de los 34 países que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), y eso es sólo el reflejo de lo que sucede cuando no se escucha y respeta la voz y propuestas de las personas.

Con el tiempo, a través de la participación constante hemos construido comunidad, nos hemos dado cuenta que es a través de la sociedad civil organizada y mediante la presión social como podremos lograr nuestros objetivos, y somos estas mismas personas y muchísimas más la que ya no permitiremos que se sigan cerrando las puertas de las instituciones.

Nosotras, las personas, ya no somos las mismas, y como generación, por más que nos construyan muros y no nos quieran dejar ingresar a las instituciones para construir en conjunto, sociedad y gobierno, el Estado que todos tenemos el deseo de ver, impulsaremos y derribaremos con ideas, propuestas y educación cualquier muro y síntoma de viejas prácticas, pues abriremos los espacios, con el único fin de recuperar y construir la política que nos pertenece, poniéndola al alcance de todos, y no en las manos de unos cuantos.

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